Nacido en Rionegro, Antioquia, se graduó como abogado de la Universidad Católica de Oriente en 2007, en su propia tierra. Desde entonces ha construido —en casi dos décadas de ejercicio— una de las trayectorias más singulares del derecho penal colombiano contemporáneo: la de un litigante formado en la provincia que hoy es conjuez de uno de los tribunales más exigentes del país, profesor de maestrías, autor publicado por editoriales jurídicas internacionales y un referente del litigio penal estratégico, con una formación dogmática certificada en Pisa, Bolonia, Salamanca y Würzburg.
Sus primeros pasos lo revelan: recién graduado, recorrió las subregiones de Antioquia como formador del Diplomado de Conciliadores en Equidad, enseñando a ciudadanos comunes a resolver sus conflictos sin violencia. Antes de los grandes casos, su carrera empezó sembrando cultura de legalidad. Esa vocación nunca lo abandonó.
«Las garantías no tienen bando: el proceso penal solo es legítimo cuando protege a todos los que comparecen ante la justicia.»
El tema de su tesis doctoral lo define tanto como cualquier constancia: el enfoque de género y la debida diligencia reforzada para proteger a las víctimas de violencias basadas en género, sin sacrificar la prohibición de reforma en perjuicio que ampara a quien es juzgado. Que un abogado que ha hecho carrera defendiendo procesados dedique su investigación a proteger con mayor rigor a las víctimas revela una comprensión madura del oficio.
A lo largo de casi dos décadas ha ejercido la defensa de alcaldes, exalcaldes, congresistas, diputados y concejales, y ha asesorado a entidades públicas y privadas. Su firma, Ricardo Giraldo Abogados, se especializa en derecho penal, derecho penitenciario, extinción de dominio y justicia transicional.